Cómo incorporar los germinados a nuestra dieta cotidiana

Para llevar una vida sana te recomiendo especialmente que incorpores el consumo de germinados a tu dieta diaria, pero si no los has probado nunca, es bueno que te familiares primero con los diferentes tipos de germinado, sus sabores y texturas. Puedes encontrarlos en tiendas de dietética y algunos supermercados. Se pueden adquirir frescos, presentados en bolsitas o bandejas, y también en conserva. Esto tiene algunos inconvenientes porque el producto nunca será tan fresco y por tanto habrá perdido algunas de sus propiedades cuando vayamos a consumirlo y, por otra parte, si no es ecológico se habrán empleado sustancias químicas tóxicas en su cultivo.

BLT. Fotografía de avrene. Licencia Creative Commons

Una vez que probemos algunas variedades lo mejor es hacerlos nosotros mismos en casa con alguno de los métodos caseros para hacer germinados que te expliqué en el artículo anterior. De este modo nos aseguramos su procedencia y que no han sido alterados con ningún componente químico, además de ser un proceso que nos ayuda a contactar con la naturaleza y que siempre nos resultará más económico que comprarlos hechos.

Es ideal empezar por la producción y consumo del germinado de alfalfa, porque es fácil conseguir sus semillas ecológicas, el proceso de germinado no presenta muchas complicaciones y después tenemos como recompensa sus excelentes propiedades, su sabor suave y su textura crujiente. Podemos combinarlo con cualquier otro germinado y añadirlo en ensaladas, bocadillos, sopas, salteados de verduras, pasta...incluso como relleno de una tortilla. Cuando lo probemos y comprobemos lo bueno que está y lo bien que nos sienta no podremos dejar de incluirlo en nuestra dieta cotidiana y podemos entonces empezar a probar otros tipos de germinado como el fenogreco, la judía mungo, el trigo, la remolacha, la mostaza...

Add bean sprouts. Fotografía de andybullock77. Licencia Creative Commons

Artículo escrito por Shauri.