La figura del Maestro

Hoy en día se hace difícil encontrar verdaderos maestros. La mayoría de personas que se hacen llamar “maestros de Reiki” sólo son personas que han realizado los cuatro niveles y que han pagado el dinero que cuesta cada uno de los cursos, y con suerte, han practicado todo lo que han aprendido en estos cursos. Esta es la única garantía que tenemos hoy en día del título de “maestro de Reiki”. Como te puedes imaginar, con todo esto no basta para alcanzar una verdadera maestría. Es necesario años de práctica, tanto con uno mismo cultivando el espíritu, como practicando con otras personas a nivel terapéutico o docente.

Esencialmente el Reiki tiene dos vertientes: el Reiki como Camino de Crecimiento y el Reiki como Camino de Sanación. Por supuesto las dos están íntimamente relacionadas. El Sensei Mikao Usui era de la primera vertiente, él utilizaba y enseñaba Reiki como un camino de crecimiento para llegar a la Iluminación o al Satori. Cuando en su camino se encontraba a un enfermo, le ponía las manos un rato allí donde le dolía, la persona sanaba y el seguía su camino. El grupo de maestros que creó Usui, la Gakkai, trabajaban principalmente la meditación combinada con Reiki, la recitación de los principios y se sintonizaban entre ellos.

Probablemente fue el Maestro Hayashi quien vistió el Reiki como técnica de sanación. Él fue el primero en fundar una clínica Reiki, el primero en poner a la gente en camillas, o en su equivalente de la época, y en desarrollar las posiciones de las manos que conocemos hoy en día. En su clínica atendió a un gran número de personas y ello le dotó de una gran experiencia como sanador, lo que le llevó a encaminar Reiki en esa dirección. Recordemos que Hawayo Takata, quien llevó el Reiki a occidente, aprendió el sistema directamente de Hayashi. Por lo tanto, aquí en occidente, en un primer lugar, el Reiki se enfocó como un sistema de sanación. Cuando tuvimos acceso a los sistemas de Reiki Tradicional Japonés, que más o menos fue a partir del año 1999, empezamos a ver otras técnicas de Reiki no enfocadas a la sanación terapéutica, sino enfocadas al crecimiento personal, el desarrollo evolutivo.

Con todo esto quiero decir que en nuestro interior podemos encontrar una sanadora, un maestro, o un poco de ambas cosas. Quizá simplemente una persona curiosa que disfruta entrando en contacto con la Energía Universal. Por lo tanto, tenemos que saber ver donde está nuestro lugar, que es lo que se nos da bien hacer y que no. Y una vez lo hemos averiguado, no perder el tiempo en aquello para lo que no tenemos verdaderas aptitudes, sino dedicar nuestra energía a desarrollar aquello que se nos da bien, nos gusta y probablemente aquello que nos hará felices.

Hoy en día, dentro de algunos sectores del Reiki, hay como una especie de obsesión por los títulos y por el linaje. Que si yo me he formado con el maestro tal o con el maestro japonés cual. Que si mi linaje es más directo y más puro, que si yo transmito la línea buena, etc. También sucede esto con los diferentes sistemas, si no has hecho cursos de diferentes sistemas parece que no tengas ni idea y no seas nadie. Evidentemente, formarse con diferentes maestros es muy bueno, nos ayuda a tener diferentes puntos de vista. También, tener la suerte de hacer un curso con un maestro japonés de renombre tiene que ser una experiencia muy enriquecedora. Conocer otros sistemas de Reiki nos puede ayudar a descubrir otras maneras de utilizar el Reiki, otros símbolos, técnicas, etc. Pero todo esto lo podemos comprar con dinero.

Resulta mucho más fácil pagar un dinero para hacer cursos que llevar una vida dedicada a la práctica. Buscar auténticamente el equilibrio interior, con todo lo que esto conlleva, ya que no es nada fácil. Muchas veces nos da miedo porque hacerlo significa adentrarse en lo desconocido, enfrentarnos a nuestros miedos, mirar allí donde normalmente no queremos mirar. Trabajarnos nuestro Karma y abandonar la persona que creíamos que éramos pera descubrir finalmente nuestra auténtica naturaleza. Reflexiona un poco sobre todo esto.

En oriente tienen un dicho: “el que enseña y el enseñado hacen juntos la enseñanza”. Esto en Reiki es totalmente cierto, ya que se aprende tanto dando un curso como recibiéndolo. Para que un curso cobre vida tiene que haber una transmisión de energía en los dos sentidos. Si el maestro solo habla y habla no crea un espacio para que la sabiduría de sus alumnos aflore. Y así el curso no tiene la calidad que podría tener ni tampoco el grado transformador que puede tener un curso de Reiki. Tanto para el alumno como para el maestro.

Ser maestro de Reiki no significa ser mejor que nadie, es muy habitual que este título se nos suba a la cabeza. En el fondo todos somos seres de luz maravillosos teniendo una experiencia en el mundo material, y que, algún día, retornaremos a la Fuente de donde venimos. Cuando encuentras tu verdadera esencia, estas palabras dejan de ser una creencia y se convierten un una experiencia, y empiezas a ser capaz de sentir la Vida que lo anima todo, y no sólo dentro de ti sino también en los demás. Y un día te sorprendes emocionándote al sentir la serena presencia de un árbol o una montaña. Descubres el mundo que hay más allá de la materia y la forma.

Aprende a ser un maestro del Silencio, de la Humildad, del Amor Incondicional y de la Paz Interior, entonces sí que te podrán llamar Maestro.

“Hasta la diosa del aprendizaje tiene cosas que aprender. Debemos que hacer una búsqueda sincera del conocimiento. Los grandes científicos no son grandes, incluso los grandes médicos no son grandes, los resucitados tampoco son grandes, aquél que conoce su verdadero Yo y su naturaleza es el más grande.”

Artículo escrito por Miquel Vidal.